Desde Canadá: Nuestro hermano Julián Conrado se halla enfermo y se quedará en Venezuela!

 

MI QUERIDÍSIMO HERMANO SANDINO PRIMERA, REVOLUCIONARIO HASTA EL TUÉTANO Y LO INTANGIBLE DEL SER!!!

 

Leyendo hoy tus certeras y fulminantes palabras en cuanto al doloroso y dramático caso de nuestro hermano Julián Conrado en Aporrea, tuve la idea (quizá intrascendente) de contarte un pequeñísimo pero peculiar pasaje de mi quehacer revolucionario a mi paso por la Guatemala de los años 80; quizá insignificante historia mía que en cierto momento, hallándonos tú, mi amigo Juancho Villa y yo en el “LE CHEVAL BLANC” en Montreal el otoño pasado, tuve por momentos la idea de contárselas, pero que finalmente, de broma en broma, de anécdota en anécdota y de “caballo blanco de durazno” en “caballo blanco de remolacha”, se me pasó por alto y ya no se las conté, a ti mi hermano Sandino Primera y a mi mexicanísimo amigo Juancho Villa.

 

En los años 80, entre las edades de 15 y 20 años, siendo combatiente revolucionario de una de las fuerzas guerrilleras de Guatemala, casi nunca abandoné la guitarra, pues, como tú sabes, además de soñador y cocinero de ideales, también soy cantautor.

 

Nunca me hubiese venido a la cabeza la idea de hacer un paralelo entre la condición de cantautor de las FARC-EP de nuestro hermano Julián Conrado, y la condición mía de aquel momento, de cantautor revolucionario que, cierto, lo había sido, pero sólo unos años antes en la escuela secundaria.

 

Ahora bien, y quizá bien hice en no contártelo en “LE CHEVAL BLANC” en Montreal, pues en ese momento no te habría hecho reír como, casi seguro estoy, lo haré hoy, y hasta seguro estoy que algunos de nuestros hermanos que nos leen en Aporrea sonreirán ante semejante anti paralelo.

 

Resulta que, al mismo tiempo que era combatiente de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), tenía yo firmado un contrato de grabación con una pequeña Casa de Discos de la ciudad de Guatemala que, no sin el visto bueno de mi comandante (una linda chica maya de 24 años con quien, 20 años después, aún sueño aunque sólo fuese vestirme cada mañana), yo visitaba casi una vez por mes.

 

Lo absurdo y hasta lo ridículo de mi historia es que, en ese tiempo, en Guatemala no pudiéndose cantar o recitar una sola línea que oliera a revolución sin ya ser hombre muerto, yo era cantautor de composiciones cursis y dizque románticas.

 

Entonces mira hermano, el anti paralelo es el siguiente: Mientras que yo sólo veía mi guitarra una vez al mes (pues la misma dormía solita treinta noches en la ciudad de Guatemala), le cantaba mis canciones cursis a un grupo de bohemios y borrachines del Café propiedad de la Casa de grabación; nuestro hermano Julián Conrado (¡no sé cómo le hacía!) se las arreglaba para que la humedad de las montañas de Colombia dejara tranquila su guitarra que, al parecer, aún bajo el tableteo de las ametralladoras, nunca dejó de acariciar.

 

Mas la pura verdad es que, más que por temor a que la humedad echara a perder mi guitarra en las montañas de Guatemala yo nunca la llevaba en bandolera, es que, gustándome tanto (en silencio) mi linda Comandante, que dicho sea de paso se llamaba Marina en un frente y Andrea en otro, mi capacidad de llevar al hombro o a la espalda un peso extra se la reservaba a Ella, en quien aún despierto sueño, pues la muy ingrata y hermosa Comandante había dado en castigarme con considerarme y llamarme “su brazo derecho”, mientras que, por obvio y “revolucionario” respeto, jamás en dos años mi mano izquierda un solo pelito de ningún lado tocarle pudo.

 

Hermano Sandino Primera: Si yo, que en los momentos más álgidos del combate, nunca canté tan alto ni tan profundo como Julián… Si yo, que por estar siempre pensando a veces en la “Comandante Marina” y a veces en la “Comandante Andrea”, no le canté nunca al fusil del camarada “Pájaro mosca”, que habiendo iniciado su combate a los 7 años, a los 12 ya desafiaba el poder del fósil dizque humano llamado General Ríos Mont, que a los 88 años aún sigue chingando a Guatemala… Si yo, que cantaba canciones cursis para hijas de banqueros que nunca me dejaron poner un pie en la puerta de sus casas, o para hijas de galenos que hasta me habrían dejado morir de calentura; mientras Julián Conrado les cantaba a los niños agonizando de abandono, separados de sus padres separados por moto-sierras en las selvas de Colombia… Si yo, que he pasado veinte años en la remota y fría pero desnuclearizada soledad del Norte, soñando hacer la revolución, primero con una pluma y luego con una laptop; mientras Julián Conrado ha pasado cuatro décadas con la guitarra en un hombro y el fusil en el otro, no soñando hacer la revolución como yo, sino haciéndola como Él y como debe ser… Si yo, que, con mi guitarra en bandolera, aterrizaré finalmente dentro de ochenta a noventa días en Maiquetía, para cantarle a la Revolución Bolivariana mis rolas “Saquen a bailar a Hugo Chávez” y “La Cumbia del Comandante”, no seré capturado y extraditado a Guatemala, en donde durante cinco años sólo tuve la suerte de perdonarle la vida a un kaibil,*mientras quizás este mismo criminal era uno de los soldados que habían ahorcado a mi novia Alejandra, de sólo quince años, o que tal vez era uno de los sicópatas militares que habían lanzado al cráter del Volcán de fuego el cuerpo aún vivo de Ileana Minera, mi otra novia de 17 años; por qué entonces, me pregunto, nuestro hermano Julián Conrado, que ha ofrendado casi toda su vida por los sublimes y entrañables ideales del Libertador Simón Bolívar, luego de sufrir tan injusta prisión en la por el mundo tan amada Venezuela, sería extraditado hacia su patria colombiana, hoy por hoy dirigida por el narco-oro, la ambición y la inmundicia?!

 

¡No, hermano Sandino! : Si, además, cada una de las Convenciones de Ginebra declara tan solemnemente que los heridos, enfermos y náufragos militares y/o civiles deben ser protegidos incluso en territorio enemigo y por el enemigo mismo; cómo entonces, hermano Sandino, en la hermosa Venezuela Bolivariana se podría contravenir a las Cuatro Convenciones de Ginebra juntas?!

 

¡No hermano Sandino! : Nuestro queridísimo hermano JULIÁN SE HALLA ENFERMO y, por el bien de los pajaritos, de los niños y de todos los humildes del mundo, la Revolución Bolivariana le dejará en paz y en amor ahí mismo, en el suelo de Bolívar y de los pobres que tu increíble padre, Alí Primera, tanto honró y glorificó!

 

Tu hermano que te abraza,

 

iQi Balam

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