JULIAN CONRADO: JUSTICIA JUSTA POR UN REVOLUCIONARIO

Por: Amparo Rey B.

Colombia y Venezuela hermanas siamesas, hijas de las entrañas de Bolívar, que en su diario devenir son bañadas por el aroma del majestuoso Orinoco, y enmarcadas por los viento alisios de Guajira y la exótica Amazonia, tierras sagradas, con misterios y alegorías, con ritos ancestrales de hermanos germinados al norte y al sur, de una misma tierra colombovenzolana, Guajiro, Bari, Wayúu, Baniva, Bare y Guajibo, andantes seres humanos que derrumban las fronteras a su paso y que al son de sus canciones invocando la generosidad de la naturaleza, se confunden con el fragoso vivir de la ecosistema.

Colombia y Venezuela, por donde se inquiera es una misma tierra protegida por el pabellón tricolor, bendecida por el amor de sus patriotas, vilipendiada y agraviada por quienes no llevan el dolor de la sangre derramada de aquellos que en sus luchas para protegerla, su vida prodigaron. De parte de ese terruño siamés, en Turbaco, tierra adentro del Calamari, y dueña de los recuerdos de Yurbaco, emerge un campesino… su sueño la justicia y la paz de los pueblos, sus armas… su guitarra y su canción. Empuja su paso en busca de su meta patriótica, afina su instrumento y contagia al mundo con su protesta sonora, ahí va el espíritu de Julián Conrado, ahí va el cuerpo de Guillermo Enrique Torres, ahí va la voz de la lucha, la voz del pueblo, la voz de la libertad y la justicia, la voz que quiere se acallada por intereses de poder. Acelera su paso, cambia su derrotero fusionándose con la magia de la selva, su trova ácrata se fortalece traspasando las fronteras y emulando las hazañas de Bolívar en sus sueños libertarios, por fin, llega su tonada, de Turbaco a Barinas.

Colombia y Venezuela hermanas siamesas, unidas por voluntad divina y separadas por la irracionalidad humana pagadas con cuotas de poder, se disputan como aves de rapiña el canto del trovador, la voz del campesino cantor, el mensaje del pacifista amerindio, la esperanza del soñador insurrecto, la vida de un ser humano, de un bolivariano colombovenzolano, de un mensajero de amor, de paz de justicia en pro de los invisibilizados.

Unidos en el canto al amor, unidos en la protesta por la paz, unidos por la justicia social, unidos por los sueños bolivarianos, levantamos las manos colombovenezolanas, entrelazadas con manos latinoamericanas y caribeñas, para pedir a un gobierno Bolivariano Revolucionario, defensor de los Derechos Humanos, la Libertad Plena y el Asilo Político de Julián Conrado, que se haga justicia, que los buitres políticos cesen su hambre, devorando sus propias entrañas.

Colombia y Venezuela una sola patria, un solo amor, un solo sentimiento, todo por la Equidad Social. Salvemos a un Revolucionario, hagamos justicia justa, para no saberlo sentado al lado de Savino Romero.

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